Esta receta es para cuatro personas.

Aunque este plato no es meramente yucateco, ha sido adoptado y aceptado desde mucho tiempo atrás.

Ocho chiles poblanos. Procura que sean del mismo tamaño y muy lisos. Hay que lavarlos, secarlos y asarlos en un comal. A medida que se vayan asando, mételos en una bolsa de plástico y déjalos reposar treinta minutos. Pélalos con cuidado de no romperlos. Quítales los tallos. Hazles un corte a lo largo para abrirlos, quítales las semillas y desvénalos. (Si al asar los chiles, por el olor te das cuenta de que están muy picosos, ponlos a remojar en agua con sal, por unas dos horas) y quedan listos para rellenar.

Con mucho cuidado puedes rellenarlos de atún, frijoles refritos, carne de puerco o res a tu gusto, o quizá de queso manchego o panela, lo que más te agrade.

Es necesario enharinarlos muy bien, cuidando de que no se salga el relleno. Para evitar esto, ciérralos bien con un palillo o dos, si los chiles son muy grandes.

Bate dos o tres huevos y baña los chiles uno por uno. En una sartén, pon aceite y cuando esté al punto, velos friendo de dos en dos. Añade aceite si es que se va consumiendo.


Pon los chiles ya freídos sobre papel absorbente.
En una cacerola hierve en agua cuatro tomates rojos. Al empezar a reventar quítales del fuego y mételos a la licuadora. Añade un poco de cebolla y un diente de ajo; sal al gusto y si te gusta la pimienta, con una pizca en suficiente. Elabora tu caldillo sin grumos.

Coloca los chiles, dos en cada plato y báñalos con la salsa de tomate. Se pueden servir calientes o en frio.

En el mismo plato, sirve también arroz blanco.

Puedes ofrecer tortillas para acompañarlos. Si son blancas: mejor. Ofrece una taza de frijol colado.
Buen provecho….

Por: Lolina Urcelay

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