No sé cuánto tiempo vagué por las calles de la ciudad. Aprendí a no morir de hambre o frío en los sitios más inhóspitos. Conocí la dulzura y el agravio que puede ocasionar una mano en mi lomo. Siempre tuve sed.

Hoy, mi cola se agita al ver a mi nueva familia llegar a casa. Me siento feliz, babeo y no controlo mi vejiga de la emoción. Pero a veces, olores o sonidos del pasado regresan y me llenan de angustia; tiemblo y me desconozco cuando por miedo, lastimo a quienes más amo.

Adoptar a un perro sin saber lo que ha vivido hasta llegar a ti, es un acto heroico y de gran responsabilidad. Es comprometerse a sanar un corazón roto con mucha paciencia. A veces el perro reaccionará de formas inesperadas ante situaciones comunes, incluso podría ser agresivo. Sin embargo, si buscas la felicidad integral de tu mascota es necesario no introducirlo de golpe a los estímulos que podrían generar una conducta inapropiada. Si tienes niños en casa pueden acercarse lentamente con la mano extendida hacia abajo y permitirle al perro que la olfatee y mueva la cola antes de acariciarlo.

Utensilios como escobas y palos pueden suscitar involuntariamente temor o alerta. Lo mejor será alejarlos de su vista por un tiempo. Después, podrás usarlos poco a poco frente al perro hasta que relacione su uso con algo ajeno al peligro.

Como hemos mencionado antes, la socialización y el entrenamiento son la clave; si no sabes cómo socializar a tu perro de acuerdo a su historia particular acércate a Compórtate Adiestramiento Canino. Somos expertos en sanar corazones rotos con atención y constancia a través del condicionamiento positivo, es decir reforzar una buena conducta premiándola con caricias y mimos. Nuestra principal meta es mejorar la calidad de vida del perro y de la familia.

Kelly Marian Pasos

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