A más de tres meses de confinamiento, existe una gran inquietud entre los encargados de la salud mental, pues el radical cambio de la vida diaria, la organización y el acomodo de tan inesperados eventos.

Ha sido tan dramático, que alarmantes resultados de violencia intrafamiliar han sido arrojados con creciente frecuencia. Si bien es cierto que quizá las dos primeras semanas no sólo causaron azoramiento sino una cierta emoción y tal vez hasta la idea de mayor comodidad, puesto que no llevar a los hijos a la escuela, laborar desde casa, etc., resultó algo así como “vacaciones de tiempo compartido”.

Desafortunadamente con el tránsito de los días, tanta convivencia se volvió violencia o en el mejor de los casos a mayor presencia mayor indiferencia. Lo cierto es que hasta el momento no se tiene la certeza de cuando finalice la “cuarentena” y cuánto habrá que esperar para adaptarnos a los nuevos e inevitables cambios. No obstante, no hay duda de que es precisamente en épocas de crisis o de situaciones dramáticas e inesperadas, donde existe (casi sin excepción) un gran aprendizaje y un gran crecimiento; nunca la zona de confort será la indicada para generar crecimiento, puesto que crecimiento significa cambio y todo cambio requiere esfuerzo.

No desperdicies este tiempo, puede ser muy valioso, aun si tu vida no sufrió cambios, puedes aprender de él. Observa a tus hijos, también ellos han sido afectados y te están observando e imitarán tus diferentes reacciones ante la frustración y las calamidades que ha dejado la contingencia.

De ti depende sumar o restar y recuerda: La sana distancia es física… no aplica en el amor.

Por Psicóloga Ana María Domínguez Medina
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