Dejar que el perro haga lo que se le antoje puede sonar como una buena idea pues equivale a dejarlo actuar según sus instintos. Sin embargo es una situación muy poco realista, tanto para los perros como para nosotros. Si a nuestros hijos les enseñamos buenos modales, las normas de higiene y como controlar su agresividad natural. Pues lo mismo debemos hacer con el nuevo miembro de la familia.

Por ello, debe haber disciplina y ser congruentes con el mensaje que queremos enviar; si estamos regañando al perro, él debe notar que no solo nuestra voz suena diferente, el tono de voz grave y las palabras cortas como NO, son muy importantes, pero deben acompañarse de tensión en nuestro cuerpo y una mirada directa a sus ojos. Nunca podemos acompañar un NO con un cuerpo relajado y una mirada sonriente porque estaríamos enviando un mensaje cruzado y confundiendo al cachorro en su educación.

Los regaños deben ser en el momento mismo del mal comportamiento o un poco antes. Si la corrección ha sido efectiva, notaremos la repuesta en el lenguaje corporal de nuestro perro, las orejas echadas hacia atrás y su cuerpo tratando de hacerse más pequeño en actitud de regañado, no de temeroso.

Un perro feliz y satisfecho es aquel que sabe comportarse con otros perros y con miembros de otras especies, especialmente con los humanos; cuando sabe controlar su tendencia natural a morder, reacciona de manera positiva ante las personas, disfruta cuando le mandan, acepta ciertas limitaciones y por su propia seguridad, responde a nuestras órdenes.

Si se le ayuda a integrarse a su nuevo entorno, a aprender a dejarse tocar por extraños y responder a las palabras para lograr comportarse de una manera adecuada cuando está acompañado y cuando se queda solo en casa, será posible que tanto los miembros de la familia como la mascota vivan en armonía y se sientan felices.

Por: Comportate! Adiestramiento Canino.

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